11 mar. 2015

Espacios naturales sagrados, doble conservación



(*Traducción del artículo de Dídac P. Lagarriga publicado en catalán en el Diari ARA, 05/03/2015)

El vínculo entre dentro y fuera, entre paisaje y cuerpo, lo experimentamos de forma más directa cuando estamos en un entorno natural. Armonía, asombro, plenitud, silencio... Toda una serie de emociones y sensaciones que nos hablan de esta conexión más allá del marco material y mental. Cuanto más respetado es este medio, más podemos experimentar esta unidad de la que formamos parte, del mismo modo que cuanto más limpios y cuidados tengamos nuestros órganos y sentidos más profunda será la profundización y el gozo.
Desde hace miles de años, este sentimiento desegocentrado que nos provocan los espacios naturales, y por varias razones unos más que otros, ha generado que el lazo entre espiritualidad y entorno natural se dé en todas las culturas del planeta. Lugares sagrados, algunos escondidos y cuidados, otros masificados por las peregrinaciones y otros que se adaptan según las tendencias y las necesidades, forman parte de la biodiversidad y, desgraciadamente, sufren las mismas amenazas, cada vez más patentes.

Una red internacional

Josep Maria Mallarach, que fundó el Centro de Documentación Silene sobre el patrimonio espiritual y cultural inmaterial vinculado a la conservación de la naturaleza y el patrimonio natural, local e internacional, nos recuerda: “En un tiempo donde la perspectiva científica sobre la naturaleza y los valores material tienen un peso excesivo, corremos el peligro de que la naturaleza se considere un mero recurso u objeto de estudio. Si vinculamos las prácticas espirituales y la experiencia natural ayudará a desarrollar una comprensión más profunda de la naturaleza y, por lo tanto, fundamentará actitudes respetuosas y reverenciales hacia el medio ambiente.” Para Mallarach, “hay una evidencia cada vez más grande que nos sugiere que los valores espirituales contribuyen a la lucha contra el deterioro del mundo natural, como una forma de recuperar una aproximación más completa y profunda que incluya otras dimensiones demasiado tiempos negadas.” Mallarach es también uno de los coordinadores de la Iniciativa Delos, proyecto de la Unión Internacional para la Conservación dela Naturaleza (IUCN en inglés) y que se centra en los espacios naturales sagrados en países desarrollados (como Europa o Estados Unidos) con el objetivo principal de ayudar a mantener tanto la sacralidad como la biodiversidad de estos lugares mediante la comprensión de la compleja relación entre los valores espirituales/culturales y los naturales. Esta iniciativa se añade a la que se estableció en otras zonas menos industrializadas del planeta, en especial desde que algunas comunidad indígenas exigieron que se respetaran los valores espirituales y culturales ante la tendencia a excluir cualquier actividad humana de los espacios naturales protegidos. De este modo, la tarea de reivindicar los espacios naturales sagrados es, por un lado, defender el derecho tradicional de las culturas de utilizar determinados entornos naturales por razones inmateriales y, además, sensibilizar a las tradiciones espirituales, en especial las masivas, de la importancia de cuidar del medio ambiente como un aspecto inherente a la cosmovisión, y que el actual sistema de vida obliga a contrariar, al menos en la práctica. “Para las comunidades religiosas -prosigue Mallarach-, los valores naturales son la dimensión externa o tangible de los valores espirituales. Los que cuidan de los lugares sagrados son aliados naturales de la conservación del medio ambiente y, por lo tanto, el diálogo honesto entre estas comunidades y los gestores administrativos de las áreas protegidas es esencial.” Como primer paso, son necesarias la comunicación y la búsqueda de una base común para la cooperación, tarea que se propone IUCN con el trabajo conjunto de académicos, activistas y las comunidades que respetan la sacralidad de los lugares. Una de las herramientas es la difusión a través de la web Sacred Natural Sites y del libro que bajo el mismo título recoge experiencias en todo el mundo.

Conservación y uso inmaterial

Otro proyecto es la realización del documental Standing On Sacred Ground, dirigido por Christopher McLeod y centrado en ocho comunidades indígenas del mundo expuestas a las constantes amenazas de su sistema de vida ecológico y de sus creencias. Uno de los testigos del documental, Danil Mamyev, director del Parque Natural de Uch-Enmek, en la república rusa de Altai, acompañado por los cánticos de un chamán, nos recuerda que los lugares sagrados no están aislados y necesitan de la interacción humana. Esto no significa que se pueda devastar el territorio y hacer lo que se desee, todo lo contrario: “El entorno -dice Mamyev- escucha cada palabra, cada pensamiento. Por esto es clave el comportamiento, la actitud, y es imprescindible tener las intenciones puras.”

El turismo y las peregrinaciones masivas, junto con el cambio de hábitos, también suponen retos de gestión, y sin ir muy lejos podemos encontrar ejemplos con el Rocío en Doñana o con algunas partes del Camino de Santiago. Lo que se propone es un trabajo conjunto donde los valores espirituales que fundaron estos espacios sagrados, y que durante siglos han servido para que no se degraden, ahora no se queden al margen del esfuerzo para su conservación. Este sería la principal base de los espacios sagrados naturales, donde se reivindica la cooperación entre el ser humano y el territorio en vez de una devastación sin precedentes para fines materiales y lucrativos mientras se establecen espacios naturales protegidos de la huella humana.

Para ello resulta clave desprendernos del sentido de propietario de la tierra, romper con el paradigma antropocéntrico que se erige por encima de todo el entramado natural y entender la interdependencia y la cooperación como elemento vital, es decir, sagrado.