15 jun. 2015

Una vacuna llamada Islam


13/06/2015 - Autor: Dídac P. Lagarriga - Fuente: Webislam


Existe una vacuna que nos previene de grandes enfermedades. Una vacuna para los estragos provocados por el alcoholismo, por ejemplo, o por los desajustes económicos, las desigualdades sociales, el racismo y la xenofobia. Existe una vacuna contra la ignorancia y el despotismo, contra la exclusión y la preocupante desacralización de la vida y el medio ambiente. Una vacuna, en definitiva, contra el cafrerismo y cualquier forma de idolatría, también la del ego y sus caprichos.
Sí, es la vacuna llamada Islam y se inyecta a través de la shahada (dar testimonio público de reconocerse musulmán). Algunos doctores dicen que con una vez en la vida basta y que no hacen falta recordatorios. Otros la recomiendan al menos 5 veces al día, algunos incluso en cada gesto, en cada mirada por temor a que desaparezcan sus efectos...
Sin embargo, esta vacuna, como todas, también contiene riesgos y efectos secundarios. Hay una enfermedad llamada Islam y esta vacuna puede propiciarla y aumentarla. Nuestro querido profesor Abdelwahab Meddeb, fallecido el pasado invierno, ya tituló hace más de una década uno de sus libros precisamente así, La enfermedad del Islam, para alertarnos de los males que padece la umma musulmana, en especial en su práctica, su día a día, su política íntima colectiva e individual.
Vacunados de Islam, enfermamos de Islam, de ese “Islam que combate constantemente todo lo que realizó de grande en su historia, toda la belleza que generó”, como se lamenta Meddeb. Y no siempre nos damos cuenta. Sí, los efectos más evidentes salen en las portadas y televisiones de todo el mundo: una deshumanización extrema que implica, por lógica aplastante que muchos no están dispuestos a asumir, una desislamización extrema (en este sentido sí tiene razón de uso el término "extremistas", pues llevan al extremo su desislamización, enfermos de un Islam completamente tergiversado). Pero, como siempre, los matices y síntomas de una enfermedad son múltiples.
Además, la vacuna Islam no siempre se suministra de la forma adecuada, o en la edad propicia, o del modo indicado por los expertos. A menudo incluso se olvida que, si bien es recomendada, ni es ni puede ser, jamás, obligatoria e impuesta por la fuerza o la coacción. Cuando esto ocurre, la vacuna se vuele veneno.