3 jul. 2018

Sufismo y prevención de la radicalización



El viernes 29 de junio del 2018 se celebró en el IEMed (Instituto Europeo de la Mediterránea) de Barcelona esta jornada organizada por la Asociación Al-Jissr, con la participación de Jordi Llaonart, Montse Batlle, Jordi Delclòs y Dídac P. Lagarriga.

Transcripción de la presentación de Bilal-Dídac P. Lagarriga:

Bismil-lahi ar-Rahmán ar-Rahim,


Más allá de las etiquetas identitarias, muchos musulmanes, jóvenes y no tan jóvenes, nos encontramos entre dos terrenos, dos campos. Dos terrenos fértiles donde pueden germinar en uno el fanatismo violento, en el otro el misticismo. El islam del miedo o el islam de la confianza. Tanto el uno como el otro generan y transmiten esto. En el primer caso, el miedo interno que produce también terror externo, que lo expande, marcado por la exclusividad, el “ellos contra nosotros”, la cerrazón. Por otro lado, un terreno que genera confianza y que también la transmite.

Ambos terrenos comparten un léxico, cuya interpretación varía el tipo de tierra de cada campo y lleva a germinar un tipo u otro de islam. Porque cada creyente es también un intérprete, y con su interpretación genera una práctica que repercute en él mismo y en los demás.

Uno de estos conceptos compartidos es “yihad”, entendido bien como agresión desde el miedo o bien un esfuerzo interior en pos de una mayor confianza y tolerancia. Es un término del que ya se ha hablado mucho y aquí no le dedicaré más espacio. Me interesa otra palabra clave, pues su interpretemos nos ayudará a movernos hacia el terreno del miedo o bien al de la confianza. Esta palabra es “taqwa”, que justamente nos sitúa en el epicentro de esta división entre ambos terrenos. Porque taqwa puede traducirse, efectivamente, como “miedo”. Tener miedo de Alláh, ser temerosos, vivir con miedo y, por consiguiente, instaurar la sociedad del miedo a través de la coacción y la represión, con una institución religiosa basada justamente en ese miedo. Pero taqwa también puede entenderse como conciencia, ese moverse por el mundo con alta sensibilidad y precaución. Dijo el sheikh Ahmad al-Alawi que vivir con taqwa era como cruzar por un zarzal con tus mejores vestidos, es decir, con cuidado y atención plena. Así, según como interpretemos el concepto de taqwa diseñaremos nuestra práctica e influiremos en nuestro mundo: un miedo paralizante y represor, o una sensibilidad consciente y precavida.

Leemos en el Corán que Alláh se ha prescrito a sí mismo la rahma (misericordia), así que ¿cómo tener miedo de esta rahma? ¿No es acaso esta prescripción la señal de salida hacia una vida más confiada, menos paralizante? ¿Construimos un islam sensible, atento y respetuoso con la vida o uno represor y violento?

Si el islam es una actitud, escuchamos reiteradamente en el Corán que nuestra actitud principal es la de ser agradecidos. Así, este agradecimiento, ¿cuándo se potencia más, cuando estamos confiados/sensibles o cuando actuamos con miedo y lo imponemos como modo de coacción para conseguir lo que queremos?

Y en este agradecer constante, ¿es posible agradecer las crisis? ¿No son acaso el modo para crecer, para volver a lo perdido? En este sentido, la ola de fanatismo y violencia que corroe al islam, podemos verla también como una oportunidad para cambiar, una autocrítica profunda donde entender esos dos terrenos fértiles, y salir de uno para entrar en el otro, mucho más fructífero. Es la oportunidad de cambiar el miedo por la confianza sin salirnos de esa taqwa

Recordemos que la belleza, la excelencia y la espiritualidad se encuentran reunidas en otra palabra clave de la cosmovisión islámica: ihsán. Las tres etapas que marcan el camino del musulmán, y que recoge la tradición (islam, imán, ihsán), desembocan justamente en esta belleza espiritual, una etapa a la que se llega tras pasar por el primer grado (islam) de cumplimiento y sometimiento –examen de consciencia- y un segundo (imán) de atención plena. Una vez emprendido este camino pautado, es más fácil adentrarse en el campo fértil donde florece la contemplación.